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Hemos sobrevivido a duras penas a la subida hasta la última planta del edificio de PRISA, donde nos espera nuestro entrevistado. Debimos suponer que no sería un camino fácil cuando un monje dominico nos exhortó en la puerta de entrada a arrepentirnos de nuestros pecados ante la inminente llegada del fin del mundo. Lo miramos un poco turbados, pero empezamos a correr hacia las escaleras cuando vimos que sacaba una fusta y empezaba a perseguirnos al grito de “¡Solo los justos sobrevivirán!”.

En el rellano de la primera planta nos encontramos a un redactor de política nacional con las vísceras fuera de su cuerpo, regurgitando coágulos de sangre y haciendo un esfuerzo sobrehumano para decirnos algo. Al final no pudimos enterarnos de lo que quería porque un accionista apareció exclamando “¡Así que aquí estabas!”, y empezó a devorarlo y profanar sexualmente los restos. Cuando hizo una pausa para preguntarnos si éramos colaboradores de El País decidimos hacernos los locos y seguimos nuestra marcha.

En la segunda planta encontramos una habitación del dolor y a los redactores de Cultura siendo azotados por los directivos de Penguin Random House mientras sonaba Los 40 Principales. El alarido de uno de ellos cuando le perforaban un testículo con un black&decker nos permitió pasar desapercibidos hasta la tercera planta, donde tenía lugar una orgía ritual frente a un altar erigido a Soraya Sáenz de Santamaría.

El resto de pisos los hemos ido subiendo de a poquito, esquivando esqueletos humanos y a un hombrecillo inquietante que leía el New York Times mientras se masturbaba y cantaba la Internacional. En la penúltima planta, creyendo que habíamos llegado a nuestro destino, abrimos una puerta y encontramos a un grupo de hombres ilustres comiendo sushi sobre el cuerpo desnudo de una mujer. Volvimos a cerrar de golpe cuando ésta se puso a gritar como loca “¡Felipe, mi arma, cierra la puerta que hay corriente y se me enfría el toto! ¡Que este toto es musho toto!”.

Y, por fin, exhaustos, nos hallamos frente al despacho de nuestro prohombre, periodista ejemplar y facilitador necesario de la Transición española.

INFAMIA: Hola, ¿se pue..? ¡¿pero qué coj...?!

DIABLO: Hola, hola. ¿Sois los de INFAMIA, no? -Nos pregunta el diablo posado en el hombro izquierdo de Juan Luis Cebrián, quien parece estar durmiendo sobre la mesa.

INFAMIA: Disculpe, pero la entrevista era con...

DIABLO: Ah, no, no os preocupéis. Es conmigo con quién tenéis que hablar. Éste se pasa casi todo el día dormido, y a fin de cuentas soy yo quién toma las decisiones por aquí.

INFAMIA: Ah, esto... ¿Y desde cuándo?

DIABLO: ¡Oh, desde siempre! Es decir, un día noté una pequeña pústula en la zona del perineo. ¿Sabéis dónde os digo?

INFAMIA: Sí, entre el...

DIABLO: ...El caso es que fui al médico, lógicamente preocupado, y me dijo que me había salido un Juan Luis Cebrián crónico. De todas formas no tengáis miedo, podéis acercaros más y poner la grabadora por aquí, que no es contagioso.

INFAMIA: Oiga, huele mal, ¿no? ¿Pero por Dios, qué es eso que hay sobre el otro hombro? ¿Es un ángel muerto?

DIABLO: No, es un Tom Wolfe.

INFAMIA: No parece...

DIABLO: ¡Ja! ¡Habéis picado! Nah... es Jesús de Polanco. Ni caso.

INFAMIA: Umm... por cierto, antes de que nos atacara un monje loco nos ha parecido ver a Antonio Caño tras el mostrador de recepción.

DIABLO: ¡Antoñito! Claro, es el bedel.

INFAMIA: Oiga, ¿pero no es el director de El País?

DIABLO: ¡Ja, ja, ja! ¡Otros que caen!

INFAMIA: ...

DIABLO: Todo empezó con un ¿no hay huevos? una noche de desfase. Amancio me dijo “¿No hay huevos de poner el nombre de Antoñito como director en la mancheta del periódico?”. Yo le dije que no colaría, pero al final tenía razón. Ese gallego es un lince para las bromas finas.

INFAMIA: Ajá. Entonces, ¿quién dirige el periódico?

DIABLO (muy serio, recomponiéndose): Yo, por supuesto.

INFAMIA: ¿Y quién toma las decisiones sobre la gestión de PRISA? Una gestión que, permítanos decirle, ha llevado al grupo al borde de la quiebra y a contraer una deuda multimillonaria que...

DIABLO: Me aburro.

INFAMIA: ¿Perdón?

DIABLO: He dicho que me aburro. ¿Por qué no jugamos a algo?

INFAMIA: Pero tenemos que hacer la entrev...

DIABLO: ¿Editorial o Desguace?

INFAMIA: ¿Cómo?

DIABLO: He dicho que si jugamos a Editorial o a Desguace.

INFAMIA: ...

DIABLO: Para jugar a Desguace necesitamos una baraja de cartas. Quien saca la más alta decide qué departamento trocear y vender por cuatro duros a alguna corporación francesa o portuguesa.

INFAMIA: Aja. ¿Y a Editorial cómo se juega?

DIABLO: Oh, es más complicado y requiere de cierto ingenio. Es decir, no es un juego de azar. El caso es que vamos diciendo, en sentido de las agujas del reloj, frases que resulten muy chocantes, aunque no tengan sentido. Mierdas muy locas que se nos vengan a la mente. Así, poco a poco, vamos escribiendo entre todos un editorial de El País.

INFAMIA: Claro...

DIABLO: Por ejemplo, empiezo yo: “La propuesta programática y organizativa de Sánchez ha recogido con suma eficacia otras experiencias de nuestro entorno, desde el Brexit hasta el referéndum colombiano o la victoria de Trump, donde la emoción y la indignación ciega se han contrapuesto exitosamente a la razón, los argumentos y el contraste de los hechos”. Os toca.

INFAMIA: Esto... “En este sentido, la victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento”.

DIABLO: ¡Joder, sois muy buenos! Cuando se lo diga a Antonio y a Javi se van a picar. -De repente Juan Luis Cebrián empieza a despertar de su sopor y a gruñir algo ininteligible. -¡Rápido, está despertando! ¡Huid!

INFAMIA: Pero, ¿no dijo que no era peligroso?

DIABLO: No, dije que no era contagioso, ¡pero muerde como un mastín! Y siempre se despierta con hambre después de la siesta.

Esquivamos el primer mordisco y salimos corriendo del despacho del Diablo posado en el hombro izquierdo de Juan Luis Cebrián, buscando algún sitio donde escondernos hasta que vuelva a dormirse el capo di tutti capo de la prensa nacional. Encontramos, por suerte, un pequeño trastero con un cartel en el que pone “Departamento de Periodismo de Investigación”. Allí solo hay una máquina que, de higos a brevas, recibe un burofax con un documento comprometedor filtrado desde algún Ministerio. Parece un sitio seguro.

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