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Este no es otro artículo sobre negros escuálidos que llegan en patera a la costa española, todos iguales, con la mirada perdida aceptando las mantas rojas de Salvamento Marítimo. Los conocemos a todos (visto uno, vistos mil, ¿no?) por los segundos de gloria en que aparecen de vez en cuando en pantalla mientras la presentadora del telediario habla de números. Hubo cerca de 20.000 de esos solo en 2017, el doble que en 2016 y los mismos que en 2006: una cifra, dos porcentajes y tres fechas. Sigan circulando.

Los números redondos y las imágenes clónicas de la llegada al puerto (tomadas con un teleobjetivo a más de 15 metros de la tragedia) son los clásicos de una cobertura periodística correcta y acorde con los tiempos modernos de consumo informativo. De vez en cuando, sin embargo, algún listillo se pasa de la raya y le pregunta a algún africano cómo está o si lo están tratando bien. Es entonces cuando la cagamos.

Fue lo que le pasó a los redactores de la productora EntreFronteras, cuando tras un naufragio en el que murieron 30 personas en octubre de 2015 les dio por denunciar el “despropósito humanitario” de la Policía Nacional al trasladar directamente a los supervivientes a la comisaría tras su llegada al Puerto de Málaga, antes de que recibieran atención médica o psicológica. En la foto que ilustró la información: un migrante moribundo yace en el suelo en primer plano mientras, al fondo, se aprecian dos yates de lujo anclados en el muelle.

Después de aquello los responsables de Autoridad Portuaria de esta provincia empezaron a poner todo tipo de trabas a los periodistas durante sus coberturas de la llegada de pateras. Así al menos lo declara a INFAMIA uno de los responsables de la productora, Sergio Rodrigo, quien junto con otros compañeros denunció esa situación ante el Sindicato de Periodistas de Andalucía (SPA).

“Siempre hubo control sobre la prensa, pero antes de aquello éramos más libres. Entonces empezaron a poner vallas por todos lados, los periodistas se quejaban... y el tratamiento de los medios empezó a basarse solamente en fotos tomadas con teleobjetivos, desde lejos. Ya apenas iban los redactores, porque no había nada que hacer”.

A finales de 2016 el SPA acordó con el presidente de la Autoridad Portuaria de Málaga, Paulino Plata, y el subdelegado del gobierno, Miguel Briones, la adopción de medidas para regular la labor de los periodistas en el puerto y evitar la "censura previa" durante este tipo de coberturas. En primer lugar se diseñó un mapa con tres puntos en los que reporteros y fotógrafos podrían ponerse para tomar imágenes de la asistencia a los migrantes; además se permitió hacerles entrevistas, siempre que estuvieran en condiciones de darlas.

Mapa acordado entre el SPA y las autoridades portuarias

“Ese mapa solo se ha respetado en una o dos ocasiones. Además hay un problema: ni siquiera la policía lo conoce, no han hecho la labor de difundirlo entre los agentes, ni el mapa ni los contenidos del acuerdo”, señala Rodrigo, que además se muestra escéptico con la solución acordada: “es que hasta con esos tres puntos de grabación seguiríamos privados del testimonio de las personas en tránsito”.

En 2017, EntreFronteras publicó un vídeo en el que se aprecian algunas de las trabas denunciadas. Nada más llegar al puerto, un agente exige a los reporteros la credencial de periodista para acceder, algo que según aclara el SPA a esta revista no está permitido porque “no existe en nuestro país ningún carné de prensa oficial ni obligatorio”. En el resto del vídeo, tanto policías como guardia civiles encargados del operativo limitan el espacio de los periodistas a un único punto, alejado unos 10 metros del hospital de campaña de Cruz Roja y de la recepción de los migrantes.

“Se hace difícil trabajar en esas condiciones”, lamenta Rodrigo, y añade que la dinámica habitual cada vez que reclaman a los agentes que permitan que se cumpla el mapa acordado se resume en un “aquí la autoridad soy yo”.

En una nueva carta enviada a Paulino Plata a mediados de enero, el SPA volvió a denunciar estas dificultades y recordó que “esta negativa a que se pueda grabar la llegada de refugiados y personas inmigrantes en situación administrativa irregular a nuestras costas vulnera el artículo 20 de la Constitución Española, que reconoce el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión”.

Para Autoridad Portuaria, sin embargo, el tema es más “complejo”. Fuentes de esta institución señalan a INFAMIA que los puntos y condiciones de cobertura informativa se gestionan “en función del operativo concreto” y de lo que requiera en cada caso la policía o la Cruz Roja. “Es la forma de equilibrar todas las actividades necesarias, porque todas son importantes; se intenta hacer lo mejor posible siempre”, apuntan.

La situación, en cualquier caso, plantea un debate más profundo y también cierta necesidad de autocrítica en la profesión ¿Se están haciendo bien las cosas en la cobertura de este tipo de temas? ¿Son suficientes las cifras y las imágenes de los migrantes siendo atendidos por la Cruz Roja al desembarcar?

“La cobertura de estas historias se está basando la mayoría de las veces en lo que dice la fuente oficial, como nos ha ocurrido con lo de Archidona [el caso del inmigrante que apareció muerto en una cárcel habilitada como Centro de Internamiento de Extranjeros o CIE] o en muchas otras ocasiones. Por otra parte, los medios de hoy en día, entre los brutales recortes laborales y su dependencia de la publicidad institucional, no pueden hacer otra cosa que reproducir esos comunicados oficiales”. Así lo expresa Rodrigo, que cree que desde estos discursos institucionales se tiende a criminalizar a las personas en tránsito. “Nos hablan de avalanchas humanas... y nosotros caemos en esa trampa. No hay seres humanos ilegales ni existen avalanchas humanas”, y un apunte filológico: “Solo hay que consultarlo con la RAE para darse cuenta de eso”.

Es posible que los agentes que operan en el Puerto se limiten a cumplir lo más eficientemente su trabajo y a seguir órdenes, y que los empleados de Cruz Roja que atienden in extremis a los migrantes no quieran tener cerca a un montón de tipos con cámaras y flashes haciendo preguntas mientras trabajan (por cierto que según el SPA nunca se han quejado de la labor de los periodistas). ¿Pero qué queda de la información para entender cómo funciona el mundo?

No me resisto a hablar brevemente del presidente de la Autoridad Portuaria de Málaga, Paulino Plata, uno de esos inefables paracaidistas de la Junta de Andalucía al que colocaron en 2013 al frente del puerto (tras pasar por varias consejerías), y que nada más asumir el cargo rechazó auditar las cuentas de la institución a pesar de que constaban más de cinco millones de euros perdidos en un agujero de sobrecostes. “Yo no tenía información de cómo funcionaba el puerto. A mí me lo propusieron (fue la anterior consejera de Presidencia y actual presidenta de la Junta, Susana Díaz) de un día para otro y no había estudiado el caso”, reconoció entonces en una entrevista con El Confidencial. Por cierto que a Plata y su gestión le ha crecido el número de denuncias en los últimos años por parte de sindicatos, por ejemplo por cargar una media de 160 kilómetros al día en el cuentakilómetros de su coche oficial.

Yo escribo estas líneas a cientos de kilómetros de la costa de Málaga, sentado en mi salón, con la simple ayuda de Internet y un teléfono. Más o menos de una manera parecida a la que se escriben y difunden muchos comunicados oficiales que acaban ocupando portadas de periódicos y telediarios; más o menos del modo en que muchos cargos públicos toman decisiones.

Así de jodida está la cosa.

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