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Nunca está de más recordar que este 8 de marzo tiene lugar el Día Internacional de la Mujer. En esta ocasión, la fecha contará con una movilización hasta ahora insólita, ya que se llamará a la huelga a las mujeres de más de 150 países, convocando un paro nunca antes visto en todos los ámbitos: laboral, doméstico y de consumo. La iniciativa tiene como fin demostrar qué ocurre en el mundo sin el músculo femenino que saca adelante gran parte del trabajo global, de nuevo no solo industrial y económico, sino también emocional y del hogar. 

En INFAMIA, han querido contribuir con su pequeño granito de arena a este momento tan especial, al tiempo que han reparado en la mágica paradoja de tener que escribirlo ellos mismos: tres hombres rudos y de cipotudo signo –entendiendo por cipotudo la referencia al periodismo de Reverte y no necesariamente señalando a la analogía real. 
 
Así, tendría poco sentido que el 8 de marzo haya sido el día elegido para traer a la superficie todas esas actividades invisibles desempeñadas por las manos de las mujeres en el inmenso océano capitalista, todas esas situaciones a las que nos enfrentamos solo por la condición de nuestro género, todos los comentarios, todas las brechas, todas las agresiones y todos los asesinatos… y que fuera precisamente una voz masculina la que diese forma al emocionante relato de esta reivindicación global, contenida en esta sección. (Creo, cabrones, porque en verdad no me habéis dicho por qué!!!) Es en esta circunstancia que me conceden el honor de escribir estas palabras a mí, mujer, periodista, feminista –con mucho que aprender- y, quizás algún día, la becaria de Infamia. Dicen. 
 
'¡Paren las rotativas!' es el espacio de confesión y redención que los chicos de INFAMIA han querido darle a sus colegas para denunciar las aberraciones profesionales –y una diría que casi éticas y humanas- con las que, lamentablemente, han tenido que lidiar. Son situaciones reales que se repiten generación tras generación en todas las promociones de las facultades de Información cuando salen al mundo real, en el que el dinero y la publicidad marcan la línea de los medios de comunicación. También el machismo. En el caso de las mujeres, la injerencia no es solo profesional, sino que muchas veces también ataca a lo personal, como demuestra alguno de los tres testimonios de esta entrega. Ninguno de los mismos, por cierto, ha sido leído a cámara por la protagonista, ya que en algún caso siguen trabajando junto en el mismo medio donde sucedieron los hechos.
 

Algo habrá hecho

Dudar que los medios de comunicación tienen y han tenido un peso enorme en la manera que tenemos de apreciar el mundo es, a estas alturas, demencial. Por esto, todos y cada uno de ellos tienen una responsabilidad y un deber social a la hora de denunciar lacras, como por ejemplo, la violencia machista. El primero de nuestros testimonios nos cuenta cómo, a finales de los 90, el entonces jefe de sección de El País digital eliminaba sistemáticamente las noticias sobre violencia de género. Todas las noticias relacionadas quedaban fuera del vuelco a la versión online del periódico, invisibilizando un problema que incluso hoy, sigue tendiéndose a considerar del ámbito privado e íntimo. 

“Das asco”

La segunda de las declaraciones es la de una periodista que con 27 años recibe a un corresponsal español recién llegado al país, con el fin de darle orientación en los primeros días y prestarle ayuda en lo que necesitara como buena colega de profesión. Esta solidaridad fue perversamente malinterpretada por el corresponsal, que se lo tomó como la invitación a presentarse en casa de nuestra hablante para acabar tratando de sobrepasarse. Ella se negó desde el comienzo, pero él solo cesó cuando la escuchó decir que podría ser su padre y, enfadado, la insultó y le espetó “das asco”. Hoy en día, ambos trabajan para el mismo periódico, en un ambiente en el que él está especialmente bien considerado, lo cual casi consiguió que la periodista rechazara el puesto en el que actualmente se encuentra. 

“Uno tiene que estar dispuesto a hacer lo que sea si quiere conseguir algo”

En el periodismo, como en tantos otros trabajos, algunos hombres dan rienda suelta a su yo más mezquino gracias a que se encuentran en una posición de poder. El tercero de los relatos de esta edición es el de una periodista que acude a una entrevista de trabajo para un puesto en el gabinete de prensa de un ayuntamiento. Es el alcalde, en este caso del Partido Popular, el que la recibe personalmente y el que se encarga de dejar claro desde el comienzo que es igual de guapa que en la foto del CV; un comentario que, como todas las mujeres exageramos, apenas incomoda y aporta muchísimo valor a la conversación… Sin acobardarse lo más mínimo, le muestra a la aspirante una foto de unos leones copulando al tiempo que le explica que “solo sobreviven los más fuertes”. Y tras este despliegue de sutilezas y elegancias, la entrevista acabó con un “¿has tenido muchos amantes?”, antes de que nuestra narradora huyese, deseando no volver jamás a vivir algo así y preguntándose a cuántas más habría entrevistado este tipo.
 
En todos sitios cuecen habas y, lamentablemente, en el periodismo, suelen ser un primer plato habitual. Finalmente, y como sospecho que la referencia a Reverte me valdrá el exilio permanente no revisable de INFAMIA, aprovecho para desear (al más puro estilo “¿puedo saludar?”) paz y sororidad, y un feliz 8 de marzo.

 
*Alexandra Ramírez es periodista, feminista y de Aluche.
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