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“La agenda política en Perú en este momento se mueve a partir de filtraciones”, explica Óscar Castilla, periodista y fundador de Ojo Público. “El quiosco ofrece una línea editorial uniforme basada en la filtración por la gran cantidad de cabeceras que existen. No hay mucha investigación en la línea diaria del periodismo”. ¿Por qué? Porque al final “es mucho más fácil informar sobre un tema de política acá que informar sobre un tema que golpee a una empresa de bienes de consumo”.

Este 21 de marzo el presidente del Perú, Pedro Pablo Kuczynski –conocido como PPK para abreviar en la prensa local–, dimitía de manera irrevocable tras hacerse públicos vídeos que revelaban que compró votos de congresistas de la oposición a cambio de la concesión de obras públicas. Acababan así meses de acoso y derribo contra el ya ex presidente, implicado en las tramas de corrupción como el Caso Lava-Jato y los sobornos de la multinacional brasileña Odebrecht.

Ojo Público abría su portada con la dimisión de PPK y en su menú superior se puede encontrar un especial dedicado al mencionado escándalo Lava-Jato. Pero no es ahí donde se cumple su lema: ‘Las historias que otros no te quieren contar’. El pasado febrero nos reunimos con Óscar Castilla, tras la presentación de un libro en un hotel del barrio limeño de Miraflores. Castilla nos habló de la investigación más exitosa realizada en estos cuatro años por el medio, el dossier Reporteros Sin Fronteras, en el cual trazaban el mapa de los principales anunciantes de los medios del país andino.

¿Quién vigila a los anunciantes?

‘Los dueños de la noticia’ es un proyecto que nace del convenio que firma Ojo Público con Reporteros Sin Fronteras en 2015, se desarrolla como investigación en 2016 y se publica en 2017. Traza un mapa de los principales anunciantes en los medios peruanos y sus relaciones económicas y personales con la propiedad de esos mismos grandes medios. Nace de otras experiencias en análisis de grupos de poder de la revista, como las realizadas sobre las farmacéuticas o la minería, industria extractiva muy relevante para la economía y el medio ambiente peruanos.

La conclusión de la investigación ya aparecía al principio de este reportaje: “Es mucho más fácil informar sobre un tema de política acá que informar sobre un tema que golpee a una empresa de bienes de consumo”. Ojo Público apuntó a un grupo de 5 ó 6 grandes anunciantes “transversales” o globales, como Telefónica o la Coca-Cola, pero también a la cervecera peruana Backus, perteneciente al grupo belga AB INBev, o grandes empresas como Latam o Falabella.

Castilla cree que gracias a esta investigación “he aprendido mucho más en un año de lo que aprendí en 12 trabajando en el diario El Comercio sobre cómo se maneja un medio de comunicación”. Ocurre “a todos los que hemos trabajado en medios grandes, que creemos saber mucho de periodismo pero sabemos poco de nuestro propios medios”. La idea no “era criticar la publicidad, sino hablar de quiénes estaban tras el medio de comunicación, quiénes eran los anunciantes”. Consideran que “la publicidad en ciertos medios es necesaria, el problema ocurre cuando los periodistas ceden espacios en la línea editorial ante las presiones de la publicidad”.

La huida de la agenda principal

El propio origen de Ojo Público tiene que ver con ese intento de huir de la agenda marcada por las grandes presiones. Castilla lo funda en 2014 junto a Nelly Luna, Fabiola Torres y David Hidalgo, los cuatro provenientes del diario El Comercio, la principal cabecera del país y que controla tres cuartas partes del quiosco. Lo hacen “cansados de la línea editorial y de ciertos impedimentos que existían dentro, queriendo practicar un periodismo más abierto y sumarse a toda esta gran cantidad de medios digitales que han nacido en Latinoamérica, en los últimos 5 ó 6 años sobre todo”.

El debate de la publicidad, que les permite analizar desde fuera, no se ha producido aún en la redacción porque “nosotros no vivimos de la publicidad, nuestros ingresos están basados casi en un 60% en organizaciones como ONGs internacionales”, como la mencionada Reporteros Sin Fronteras, “y un 30% aproximadamente en servicios que nosotros brindamos a organizaciones que tienen nuestra misma línea editorial”. Pero “sabemos que es importante, creemos que la publicidad cumple un papel”. La cuestión es “saber finalmente quiénes están detrás y tienen intereses en invertir en un medio de comunicación y enviar su mensaje al lector”.

Investigación, filtración y veto

Castilla apunta a la importancia del “autoconocimiento como periodista” se trabaje en un gran medio o no, se dependa de la publicidad o no. “Saber por qué a veces no se puede hablar de ciertas cosas. Como el dueño puede tener vínculos con una empresa anunciante, como el accionista puede haber trabajado antes en ese anunciante, como los mismos dueños tienen empresas y a la vez esas empresas están relacionadas accionarialmente con los anunciantes”.

Es entonces “cuando te das cuenta que uno nunca podrá tocar a quien financia realmente el diario. Porque quien mantiene tu sueldo cuando estás en el diario es el mismo anunciante. Es un tema sensible porque estamos hablando de información de quien finalmente marca la agenda pública”. Y apunta a “como informan los grandes medios, por ejemplo, sobre los paraísos fiscales. El País en España es un ejemplo, pero también El Comercio en Perú, La Nación de Costa Rica o La Nación de Argentina”.

Ahí es donde enlaza con la otra conclusión pesimista de Castilla: “La agenda política se mueve a partir de filtraciones. Cuando tú vas a ver un quiosco estás viendo sólo cabeceras del grupo El Comercio: Perú21, Diario Ojo… Cinco o seis periódicos del mismo grupo, luego La Repúbica como competencia y otros menores… Al final es una línea editorial uniforme basada en la filtración. En tiempos de inmediatez el periodista o su editor no se paran a pensar si la información que les llega se filtra por el interés de alguien, sino en los usuarios únicos de la web o la tirada del papel…”.

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