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No había explotado ninguna bomba atómica. Picasso no había pintado el Guernika. La Unión Soviética tenía menos de una década de vida. Era 1921.

Argentina, gracias a su modelo económico agreoxportador, era una potencia económica: tenía uno de los PIB per cápita más altos del mundo. Ese mismo año, se sancionaba el Código Penal que, con algunas reformas parciales, sigue vigente a día de hoy y en el que se establece la penalización de la práctica del aborto.

Ayer por primera vez en la historia del país y luego de siete presentaciones diferentes que abordan la problemática, en la Cámara de Senadores se votó el proyecto de ley que proponía la interrupción del embarazo hasta la semana 14 de gestación. El resultado ya es conocido: 38 votos en contra, 31 a favor, una abstención, un ausente y un indeciso. La marea verde tendrá que esperar un año más para ver materializado su anhelo, mientras la marea celeste celebra que haya prevalecido su postura. 

Todo comenzó en marzo con la presentación de un proyecto firmado por 71 diputados (esta cámara cuenta con 257 legisladores) provenientes de diversas fuerzas políticas. El curso parlamentario de la iniciativa derivó en 15 sesiones expositivas en la cámara baja donde un total de 738 oradores ofrecieron sus argumentos en torno al aborto.

En junio, la cámara de diputados dio media sanción al proyecto en una ajustada votación que se saldó con 129 votos a favor, 125 en contra, una abstención y un ausente.

Casi dos meses más tarde y luego de otra nueva serie de exposiciones, el proyecto de ley llegó al senado donde finalmente quedó tumbado. En el medio y durante el proceso de argumentación, algunos oradores y legisladores obsequiaron a la ciudadanía argentina algunas declaraciones dignas de quedar en los anales de la infamia (con i minúscula).

Destacamos algunas:


¿Qué pasa cuando nuestra perrita se nos queda embarazada? No le llevamos al veterinario a que aborte. Lo lamentamos, ¡uh!, pero inmediatamente salimos a buscar a quién regalarle los perritos”. Estela Regidor, diputada por la Unión Cívica Radical.

 

Tenemos que educar para el amor a los chicos. Tienen que entender que el profiláctico no la protege de nada […] porque el virus del SIDA atraviesa la porcelana”. Doctor Abel Albino, orador en su exposición en el Senado.

 

Hay algunos casos en que la violación no tiene la configuración clásica de la violencia sobre la mujer, si no que a veces la violación es un acto no voluntario con una persona que tiene una inferioridad absoluta de poder frente al abusador”. Rodolfo Urtubey, senador por el Partido Justicialista.

 

Imagínense ustedes que la madre de Vivaldi, por ejemplo, por hablar de algo que nos puede gustar a todos, le haya negado el derecho a la existencia o la madre de Mozart”. José Mayans, senador por el Partido Justicialista.

 

Fue un largo periplo parlamentario que terminó donde comenzó: la negativa al proyecto sostiene la legislación existente. Sin embargo, algo ha calado hondo en gran parte de la sociedad argentina y es el deseo de cambio que se ha manifestado en las calles, especialmente en los alrededores del Congreso durante la maratónica sesión de votación.

No obstante, de cara al futuro a mediano plazo, el foco de atención estará puesto inexorablemente en los 38 senadores que votaron en contra del proyecto de ley. Si las calles de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y demás urbes y pueblos argentinos se plagaron de pañuelos es porque hay una demanda social de modificar una legislación que se acerca a su centenario, se demuestra añeja y obsoleta para ofrecer soluciones a una sociedad que ya no se asemeja a su pasado.

Ese grupo de 38 senadores compuesto por dirigentes de todo el espectro político ignoró su deber cívico de cara al pueblo argentino. Su falta de compromiso con la sociedad que (se presupone) representa no lo expresa su voto contrario a la legalización del aborto, si no su negligencia a la hora de proponer una solución a una problemática ineludible: las muertes producto de abortos clandestinos.

Las creencias personales y los valores religiosos impusieron el inmovilismo de 38 legisladores cuyo deber es trabajar por el bienestar común. La ausencia de una alternativa a este proyecto de ley y la consecuente ratificación de una norma que data de hace casi un siglo es apenas un analgésico en un malestar crónico que se hace expresar embanderado con miles de pañuelos verdes. Léase: tapar el sol del verano con la mano no evita el cáncer de piel.

El aborto en la Argentina, pese a ser punible, es una realidad, pero es una realidad asimétrica en la que la clase social determina el desenlace de este proceso clandestino: quienes tienen recursos pueden someterse a un aborto ilegal, pero seguro, mientras que quienes no los tienen se juegan la vida haciendo valer su derecho a elegir sobre su cuerpo.

En 2019, la Segunda Guerra Mundial se seguirá estudiando en los libros de historia; el Guernika seguirá siendo una pieza de museo y la Unión Soviética llevará casi tres décadas extinguida.

Para quienes abogaban por un cambio significativo en la sociedad argentina, sobrevive la esperanza de que el año venidero sea el que marque un quiebre con el pasado, ofreciendo una solución a una problemática real que no se puede esconder detrás de una jurisprudencia centenaria.

Será por eso que el verde, hoy más que nunca, es el color de la esperanza.

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