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La pasada semana los medios españoles se hacían eco de la encarcelación de Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat de Catalunya, mientras Soraya Sáenz de Santa María, vicepresidente del gobierno, se hacía cargo provisoriamente de las funciones que, hasta hace poco, llevaba a cabo Carles Puigdemont que se encuentra actualmente en la tierra de Tintín.

En un universo paralelo llamado Argentina, un ex vicepresidente también ha sido noticia: Amado Boudou, segundo al mando de Cristina Fernández de Kirchner durante el mandato 2011 y 2015, ha sido detenido por orden del juez Ariel Lijo que lo acusa de integrar una asociación ilícita encargada de lavar dinero.

Es la primera vez en la historia argentina que un vicepresidente cae preso. De hecho, seamos sinceros, es de las muy pocas veces en las que un político argentino es encarcelado por corrupción y, hasta cabe destacar, que la detención de Boudou es provisoria y no definitiva hasta que se resuelva su situación por la vía judicial.

Lo que no resulta nuevo es que un vicepresidente argentino esté en el ojo de la tormenta. Es que ser vicepresidente en Argentina debería estar catalogado como profesión de riesgo. No existe un lógico porqué. Simplemente, la historia reciente argentina ha demostrado que ser vicepresidente trae aparejados sus peligros. Desde el regreso de la democracia TODOS (bueno… casi todos) los vicepresidentes han tenido que remar en aguas turbulentas: dimisiones, escándalos de corrupción y detenciones.

Antes de iniciar este recorrido, vale hacer una aclaración. En Argentina, el sistema electoral es presidencialista. Esto quiere decir que los ciudadanos votan (de forma obligatoria) a una fórmula presidencial integrada por un candidato a presidente y un candidato a vicepresidente. En teoría, esto haría imposible un escenario en el que el presidente sea de un partido y el vice de otro, pero no olvidemos que estamos hablando de Argentina, la tierra donde lo más impensado siempre puede pasar (¡y pasó!).

Sin más preámbulo, veamos quiénes han sido estos pintorescos personajes.

María Estela Martínez de Perón (PJ, 1973-1974)

Todo empezó con una peronista (¡cómo no!). María Estela Martínez, mejor conocida como Isabelita, fue la tercera esposa de Juan Domingo Perón. Fue un reboot muy fallido de lo que podría haber sido Evita Perón. Junto a su marido integró la fórmula presidencial que se impuso en las elecciones de 1973.

Las cosas no iban a salir como estaba previsto: Perón murió en 1974 e Isabelita tuvo que hacerse cargo de la presidencia. Sin embargo, al cabo de dos años todo iba a cambiar: fue depuesta el 24 de marzo de 1976 por un golpe de estado que instauró el Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura cívico militar que gobernó el país hasta 1983.

Durante gran parte del Proceso, Isabelita estuvo detenida. Recuperó la libertad en 1981, momento en que decidió radicarse en Madrid donde reside actualmente, prácticamente aislada y rechazando cualquier intento de la prensa de comunicarse con ella.

En 2007, la justicia argentina solicitó su extradición (así de rápido va la justicia en Argentina) en el marco de la apertura de causas judiciales por asesinatos políticos realizados durante su gobierno. En 2008, España rechazó la extradición argumentando que los asesinatos cometidos durante su mandato no pueden considerarse de lesa humanidad, por lo cual, se consideraban prescritos.

Víctor Martínez (UCR, 1983-1989)

Tras la caída del Proceso, Raúl Alfonsín se convirtió en el primer presidente de la actual democracia. Su vicepresidente fue Víctor Martínez. Ni Alfonsín, ni Martínez terminarían su mandato: en 1989, acuciados por la crisis hiperinflacionaria, los miembros del gobierno decidieron dar un paso al costado y llamar a elecciones.

Eduardo Duhalde (PJ, 1989-1991)

De la mano de Carlos Men*m1, alias El patilludo, Eduardo Duhalde llegó a la vicepresidencia en 1989 y no llegó ni a la mitad del mandato: fiel al oportunismo peronista, Duhalde renunció a su puesto para presentarse como candidato a las elecciones de gobernador bonaerense de 1991 en las que iba a salir vencedor.

Carlos Ruckauf (PJ, 1995-1999)

Entre 1991 y 1995, Argentina no tuvo vicepresidente. Es cierto que ante la renuncia, muerte o abducción por OVNI, el puesto de presidente lo cubre el vice, pero esto no aplica para el segundo al mando: si por algún motivo queda desplazado de su cargo, no se nombra a alguien en su lugar y sus funciones, generalmente, recaen en algún político designado por el Congreso… si es que el Congreso tiene ganas, si no, no pasa ná’ y va todo pa’lante (o pa’tras, según cómo se lo mire).

Ministro de diversos gobiernos peronistas, Ruckauf empezó y terminó su mandato coincidente con la segunda presencia de Men*m y se podría decir que logró saltar las turbulencias inherentes a la vicepresidencia.

Tras cumplir su mandato como vice, se postuló para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, ganando las elecciones de 1999. Más adelante nos extendemos sobre la maldición de los gobernadores bonaerenses.

Carlos “Chacho” Álvarez (Alianza, 1999-2000)

Después de diez años de menemismo, la coalición electoral de la UCR y el Frente País Solidario (a.k.a. FREPASO) conocida como Alianza se impuso en las elecciones presidenciales de 1999. El presidente electo fue Fernando De la Rúa, apodado “Chupete” antes de las elecciones y rebautizado como “El inútil” después del famoso Corralito. Es importante destacar que muchos votantes apoyaron a la Alianza gracias a la figura del vicepresidente de la fórmula: Chacho Álvarez.

Cuando todavía no se había cumplido un año de mandato, renunció a la vicepresidencia. Se fue denunciando corrupción en la administración de De la Rúa y en el senado nacional. Al año siguiente, la presidencia de De la Rúa iba a ser fagocitada por la tensa situación económica y social que dio paso al mencionado corralito y a la semana de los cinco presidentes.

Daniel Scioli (FPV, 2003-2007)

Deportista devenido en político, llegó a la vicepresidencia de Argentina en 2003 integrando la fórmula presidencial junto a Néstor Kirchner.

Los sobresaltos llegaron luego de su vicepresidencia. Al igual que Duhalde y Ruckauf, después de su mandato como vicepresidente se postuló para gobernador de la provincia de Buenos Aires, cargo que ocupó entre 2007 y 2015, y sufrió el desgaste propio de estar a cargo de la provincia más complicada de toda Argentina. Además, es sabido que sintonizaba mucho mejor con Néstor que con Cristina. Por eso, de cara a las elecciones presidenciales de 2015, su candidatura no contó con un apoyo muy sólido de la ex presidente.

Curiosidades. Fue piloto de motonáutica y consiguió varios éxitos en la categoría offshore. No es joda.

Julio Cobos (FPV, 2007-2011)

Cuando el Frente para la Victoria (el partido de Néstor y Cristina Kirchner) avizoraba el final del mandato presidencial en 2007, esta agrupación política puso manos a la obra para ganar las elecciones presidenciales de 2011 con vistas a perpetuarse en el poder ad infinitum. El matrimonio Kirchner planeaba saltarse la limitación de mandatos (en Argentina, un presidente no puede tener más de dos mandatos consecutivos) alternándose los integrantes de la pareja en la presidencia: Néstor, Cristina, Néstor, Cristina… Podría haber funcionado, de no ser porque Néstor se quedó en el camino: murió en 2010.

Para la elección de 2007, los Kirchner buscaron asociarse con un político de buena imagen proveniente de otro partido: Julio César Cleto Cobos. Integrante de la UCR, fue expulsado de dicho partido por aceptar la propuesta K.

La Fórmula Cristina-Cobos se impuso en las elecciones, pero la sociedad funcionó poco más de un año. En 2008, Cobos tuvo que desempatar una votación clave en el senado y lo hizo en contra de la posición del oficialismo. Desde ese entonces, pasó a ser un enemigo del gobierno que él mismo integraba.

El panorama político argentino presentaba la singularidad de que hubiese un vicepresidente opositor, prácticamente marginado de sus atribuciones por la presidente y su marido.

Amado Boudou (FPV, 2011-2015)

Parece el nombre de un disco de una banda de rock, pero Amado Boudou fue ministro de economía durante el primer mandato de Cristina Kirchner y luego fue elegido para acompañar a la entonces presidente en la fórmula que buscaba su reelección.

El resultado electoral fue todo un éxito: la dupla Cristina-Boudou se impuso con un 54% de los votos. Desde ese entonces, el nombre de Amado Boudou iba a estar presente en los principales titulares de la prensa política por diversos casos de corrupción… hasta el día de hoy.

Entre ellos, se lo acusaba de comprar mediante un testaferro una imprenta que se dedicaba a la impresión de papel moneda. Sí, sí, leyó bien: el vicepresidente se compró la máquina de imprimir billetes. Fue procesado por cohecho y negociaciones incompatibles con su condición de funcionario público.

También, ha sido acusado de falsificar documentos para comprar 19 vehículos de lujo para el Palacio de Hacienda cuando estaba a cargo del Ministerio de Economía. Pero no fue la única vez que los vehículos le trajeron un dolor de cabeza a Boudou. El ex vicepresidente también fue acusado de insertar datos falsos en el título de propiedad de un automóvil Honda.

El pasado 3 de noviembre fue detenido preventivamente ya que un juez considera que el ex vicepresidente fue el jefe de una asociación ilícita dedicada al lavado de dinero. En el momento de su arresto, que se llevó a cabo en su domicilio del exclusivo barrio porteño de Puerto Madero, vestía chándal, estaba descalzo y despeinado: todo eso lo sabemos al registro audiovisual que se hizo del momento en que fue detenido y que rápidamente se filtró a la prensa. Se encuentra temporalmente en la cárcel de Ezeiza.

De vice a gobernador: la otra maldición

Muchos vicepresidentes argentinos optaron por seguir su carrear política como gobernadores de la provincia de Buenos Aires. Es el caso de los ya mencionados Duhalde, Ruckauf y Scioli. Todos ellos lograron su objetivo.

No obstante, ignoraban una particularidad que marcaría sus futuros: nunca en la historia argentina, un gobernador de Buenos Aires logró convertirse en presidente de la República, urnas mediante.

Duhalde perdió las elecciones presidenciales de 1999 ante la Alianza y Scioli las de 2015, en segunda vuelta, ante el actual presidente argentino Mauricio Macri.

La única excepción a esta maldición es la del propio Eduardo Duhalde que sí llegó a la presidencia, pero no a través de sufragio, sino en el particular escenario que se dio con la crisis de 2001.

Actualmente, el cargo de vicepresidente lo ocupa Gabriela Michetti. Fue electa el 22 de noviembre de 2015 tras consagrarse vencedora, en segunda vuelta, la fórmula Macri-Michetti. Ese mismo día, por la noche, le robaron de su domicilio 200 mil pesos y 50 mil dólares.

 


 

1. En la cultura popular argentina, mencionar a Men*m trae mala suerte. Se dice que es “mufa” (gafe). Ante la ausencia de asteriscos en el registro oral, la gente suele referirse a él como Méndez.

Presidente de mesa saluda a Men*m mientras se estruja un testículo. En el imaginario colectivo argentino, la caricia al huevo ahuyenta la mala suerte.
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