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Su existencia ha sido el secreto mejor guardado -un secreto a voces- de la radio televisión pública. Tras varios meses de ardua labor de investigación y muchos sobres de Almax, el equipo de INFAMIA ha localizado al autor de las carcajadas que suenan de fondo cada vez que pones Televisión Española: Se llama Joaquín, tiene 47 años y nació en Alcubilla de Nogales (Zamora). Además, le gusta su trabajo.

INFAMIA: Buenos días, Joaquín. Antes que nada queríamos agradecerle que nos haya concedido esta entrevista. Pero, ¿por qué ha elegido este lugar para vernos?

JOAQUÍN: Buenos días, y gracias a ustedes. Debo confesar que elegí este sitio porque vengo mucho, me inspira para el desarrollo de mi trabajo. Y además nos hacen descuento en las consumiciones.

INFAMIA: ¿Está diciendo que le hacen descuento en el bar de Intereconomía?

JOAQUÍN: Bueno, a mí y a parte de la plantilla que ha entrado en Televisión Española en los últimos años. Víctor, el camarero, nos hace sentir como en casa. Es un tío muy majo.

INFAMIA: Sí que lo parece. ¿Y cómo es que ha decidido finalmente salir del anonimato y dar a conocer su trabajo?

JOAQUÍN: Reconozco que me ha costado. Aunque nunca firmé ningún contrato de confidencialidad con Televisión Española, tenía miedo de que la dirección tomara algún tipo de represalia. Además, mi marido, que es abogado, me pidió que no me metiera en líos.

INFAMIA: ¿Entonces, qué fue lo que lo llevó a dar la cara?

JOAQUÍN: Pues simplemente el convencimiento de que soy el mejor en mi trabajo y de que no se arriesgarían a perderme. Nadie se ríe en la puta cara de la gente mejor que yo, y ellos lo saben. Además me deben demasiadas horas extras en las últimas semanas, pero ya me han dicho que habrá complicaciones en el pago. Así que pensé “mira, si no voy a cobrar bien por todo este trabajo, al menos quiero que se me reconozca de algún modo”.

INFAMIA: Vaya, ¿y eso? ¿tantas horas extra?

JOAQUÍN: Uff (risas en nuestra puta cara), desde el 1 de octubre prácticamente no he pasado por casa. Y no es que antes de eso me estuviera rascando la barriga, precisamente. La verdad es que trabajo nunca me ha faltado aquí. Es agotador.

INFAMIA: ¿Pero cuántas horas trabaja a la semana normalmente?

JOAQUÍN: Les respondo con otra pregunta. ¿Han visto ustedes la parrilla de programación de TVE? Prácticamente me obligan a comer e ir al baño en lo que duran los anuncios autopromocionales entre programa y programa.

INFAMIA: ¿Nos podría hacer un resumen de cómo es un día normal de trabajo para que nos hagamos una idea?

JOAQUÍN: Vamos a ver, a las 8:30 empieza Los Desayunos de TVE. Prácticamente no estoy quieto en toda la hora y media que dura el programa. Piensen que además hay días que llevan de tertulianos a Edurne Uriarte o Pérez Henares. Y piensen también que esta gente cobra entre 150 y 300 euros de dinero público por programa. ¿Entienden lo que les digo?

INFAMIA: Aja...

JOAQUÍN: ¿Y creen que tengo tiempo de descansar después de reírme en la puta cara de la gente tras Los Desayunos? ¡Pues no! De hecho empieza después uno de los momentos más duros del día.

INFAMIA: ¿La Mañana de la 1?

JOAQUÍN: ¡Exacto! Aunque reconozco que desde que se fue Mariló estoy un poco más relajado. Y me viene bien, porque así llego en mejor forma al plato fuerte del día, que como ustedes se imaginarán son los informativos.

INFAMIA: ¿Qué tipo de criterios sigue durante los informativos?

JOAQUÍN: Bueno, se aprende con el tiempo. Por ejemplo, digamos que un día se ha destapado una nueva trama de corrupción en Murcia, y entonces abren el telediario diciendo que en Venezuela no pueden limpiarse el culo. Ahí tengo que modular la risa lo suficiente como para que no sea explosiva, pero se mantenga constante y remarque la travesura. Una especie de “¡Jijijiji!”.

INFAMIA: Impresionante...

JOAQUÍN: Otro ejemplo. Hay una sesión en el Parlamento en la que el Gobierno debe rendir cuentas a la oposición por la Gurtel, y entonces deciden sacar solamente la respuesta de Rajoy y un corte sin sentido de una diputada del PSOE. Podemos ni aparece. La pieza dura 35 segundos y después hablan del nuevo disco de David Bisbal. Ahí hago una especie de “¡Ja!” seco, justo antes de que la presentadora de paso a la información sobre el cantante.

INFAMIA: Bueno, nos vamos haciendo una idea.

JOAQUÍN: Pues eso. Cada pieza tiene su propia naturaleza. No es cosa de reírse en tu puta cara sin más, al tuntún, sin orden alguno. Es algo muy delicado.

INFAMIA: ¿Y cómo llegó a conseguir este trabajo?

JOAQUÍN: Bueno, yo en realidad soy biólogo, así que nada que ver con lo que hago ahora. En 2012 llevaba ya tres años y medio en paro y estaba a punto de tocar fondo. Un día vi por televisión a la ministra de Empleo, Fátima Báñez, pedirle un ‘capote’ a la Virgen del Rocío para acabar con el paro. Yo estaba en un bar y empecé a reírme como un loco en la puta cara de todas aquellas personas indignadas que miraban la televisión. “Oye, ¿viste la cara que ponía esa gente al verte reír? ¿has pensado dedicarte a esto?”, me dijo mi esposo. Dos días después de aquello un compañero suyo del bufete se enteró de que estaban contratando gente nueva en Televisión Española. Fue una señal.

INFAMIA: ¿Y cómo se lleva con el resto de la plantilla? ¿Están de acuerdo con el trabajo que usted desempeña?

JOAQUÍN: Solo algunos, la verdad. Principalmente los que entraron a la vez que yo. El resto se indigna y dice que su labor no es reírse en la puta cara de nadie sino informar desde la deontología profesional y la vocación de servicio público. Y no puedo culparles, la verdad. Cada uno mira por su trabajo y por hacerlo lo mejor posible. Yo también.

INFAMIA: ¿Entonces no se ríe en su puta cara cuando protestan?

JOAQUÍN: No, para eso ya está Álvarez Gundín, el director de Informativos. Cobra una dieta especial por descojonarse vivo en la cara del Consejo de Informativos de RTVE al menos una vez por semana. Yo a lo mío.

INFAMIA: ¿No tiene miedo a que, algún día, pueda perder este trabajo y la televisión pública deje de necesitar a alguien como usted?

JOAQUÍN: No me sean agoreros, que me recuerdan ustedes a Montse.

INFAMIA: ¿Montse?

JOAQUÍN: Sí, es la chica que se ríe en la puta cara de los catalanes cuando ven TV3. Desde que se enteró de que el Gobierno iba a intervenir la televisión anda preocupada por si pierde el trabajo. Yo le digo continuamente que no se preocupe, que curro no le va a faltar nunca y que hasta tendrá que echar más horas que antes, si cabe. Dolores, la chica de Canal Sur, me dice que no le haga caso, que los catalanes se ahogan en un vaso de agua. Una tía muy salá, por cierto. Un día me presentó a Juan y Medio y nos pegamos una buena juerga en la boda de unos viejos que se habían conocido en su programa. Menuda marcha tiene la tercera edad de Sanlúcar.

INFAMIA: Pero a ver, ¿de verdad no cree que en algún momento la televisión pública dejará de reírse en la puta cara de los ciudadanos? ¿que tendrá una verdadera vocación de servicio basado en los principios de interés general y pluralidad? ¿que programas como el Ministerio del Tiempo no serán la excepción, si no la norma? ¿que espacios infectos como el de Javier Cárdenas, que dan pábulo a discursos machistas o a tesis pseudocientíficas, no volverán a tener lugar en una televisión financiada con el dinero de todos? ¿De verdad no cree que llegará el día en que tengamos unos informativos capaces de ser críticos con el Gobierno de turno? ¿en que no volverá a llamarse a gentuza con actitudes pedófilas para hablar de temas tan sensibles como el acoso? ¿en el que no se tengan que pagar cientos de miles de euros en multas por incumplir las normas de publicidad? ¿Nos dice que no cree que lleguemos a conocer una televisión, pagada con el dinero de todos los españoles, que no de vergüenza?

Joaquín nos mira muy serio. Después hace lo que mejor se le da.

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