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Esta ha sido, sin duda, la entrevista más difícil de conseguir para INFAMIA. Muchos rezos al Gabinete de Prensa del Cielo, peloteo en cócteles celestiales y donaciones en cepillos de iglesias perdidas. La Madre de Nuestro Señor se mostró reacia a la idea de la entrevista en principio, pero luego accedió con la amabilidad que la caracteriza. Nos reunimos con ella en una capilla de un pequeño municipio de la provincia de Cáceres cuya alcaldesa nos ha pedido que no mencionemos por las posibles consecuencias legales de esta entrevista. Nuestra Madre empezó hablando en arameo del siglo I, hecho que dificultó la comunicación hasta que nos dimos cuenta de que era muy parecido al acento porteño cerrado de nuestro redactor argentino.

INFAMIA: Bienvenida, majestad. ¿O Santidad? ¿Cómo debemos dirigirnos a usted?

LA VIRGEN: Mari está bien. Así me llaman las amigas en Nazaret, cuando vamos al río a lavar mientras beben los peces. Son unas cachondas, Salomé, María la de Cleofás… os caerían muy bien, les encanta juntarse con gente joven.

INFAMIA: Ajá… Eh, ¿le parece mal ‘Madre’? La gente le reza así.

LA VIRGEN: Hombre, es un poco raro. Madre soy de Jesús, que es el Mesías, claro, pero vuestra no. De Jesús y de los zánganos de sus hermanos, qué me daban una tabarra…

INFAMIA: Oiga, ese tema es delicado, lo de que San José y usted tuvieron más hijos. En la Tierra suele haber bastante polémica, la gente se indigna y se siente dolida…

LA VIRGEN: ¿Me dices que toda esa gente que me reza se puede mosquear si descubre que tuve más hijos aparte de Jesús? Muy aburridas tienen que estar esas maris, ¿eh?

INFAMIA: Así que de la Inmaculada Concepción mejor no hablamos…

LA VIRGEN: Hombre, pues visto lo visto, mejor no, que os va a dar algo. Venga, niños, decidme ya lo que sea que me quisieseis preguntar que tengo mucho lío.

INFAMIA: Claro, obligaciones celestiales…

LA VIRGEN: Tengo mucha plancha. ¿Sabes lo que se arrugan las túnicas de 13 zánganos mientras hacen el cafre por el desierto y el Lago Tiberíades ?

INFAMIA: Bueno, pues verá, le queríamos preguntar qué le parecen los homenajes del Estado español a su persona.

LA VIRGEN: No conozco a ese tal Franco.

INFAMIA: No le hemos preguntado por Franco.

LA VIRGEN: Ya, ya lo sé, pero me tenéis hasta el moño. Él y sus amigos todo el día hablando de mi familia, y ni los conocíamos ni teníamos nada que ver. Para estar pendiente de un gordo con voz de pito estaba mi Jesús, con la tarea que da ser el Mesías.

INFAMIA: En realidad, Madre, le queríamos plantear qué le parece que la ministra de Empleo, Fátima Báñez, afirmase que le rezaba a usted para pedir la recuperación de la economía española.

LA VIRGEN: Me parece que deberían destituir a esa señora.

INFAMIA: … ¿En serio?

LA VIRGEN: Me suena de haber hablado alguna vez con ella, no sé, igual en la panadería. Pero si esa mujer es ministra y su solución al paro es rezar, no está capacitada para el puesto. Te lo digo porque mi padre, Joaquín, y mi cuñado, Zacarías, eran sacerdotes del Templo de Jerusalén y de estas cosas de la gestión entendían. Les llega un fariseo diciendo que para cuadrar las cuentas se ha puesto a rezarle a Yavhé y dura menos en el templo que un pan ázimo en Pascua.

INFAMIA: Claro.

LA VIRGEN: Es de cajón. En fin, ¿qué más?

INFAMIA: Pues varias de sus advocaciones han sido condecoradas por el ministerio del Interior por méritos policiales.

LA VIRGEN: Anda, ¿y eso?

INFAMIA: Pues no sé. Considerarán que su protección ha facilitado la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

LA VIRGEN: Hombre, agradezco el detalle, pero lo que pasa es que yo soy un ser etéreo. Igual esos ministros podrían condecorar a algún agente. O alguna agente, eh, que aunque a mí me suene raro repetirlo, estoy por lo del lenguaje inclusivo. En fin, que no sé, niños, es que los policías y las policías se juegan el físico. Yo solo les lanzo alguna bendición y luego levito, voy a lavar en el río mientras los peces beben y procuro que el Jesús se porte bien.

INFAMIA: Claro.

LA VIRGEN: Mira, vosotros poned ahí que si esos ministros son tan devotos, lo que tienen que hacer es obedecer a mi Jesús, que hablaba de proteger a los más débiles, abandonar las riquezas materiales y todo eso. Está en la Biblia, que sus amigotes Mateo y Juan tomaron buena nota. Muy buen chico mi Juan, en realidad, es como si fuese otro hijo más. Aunque sigue soltero, tú ya me entiendes. Cose para la calle.

INFAMIA: Nos va a meter un lío con eso, Madre.

LA VIRGEN: No os entiendo, niños.

INFAMIA: Acaba de insinuar que San Juan Evangelista era homosexual.

LA VIRGEN: Bueno, ¿y qué? ¿Qué pasa? Si cumplía todos los preceptos de mi Jesús, ¿qué más dará si le gustaba la carne o el pescado? Tenéis unas cosas.

INFAMIA: Si usted lo dice, Madre.

LA VIRGEN: Eso es, muy bien.

INFAMIA: Entonces, ¿lo de ser alcaldesa honoraria de algunas localidades españolas o recibir medallas?

LA VIRGEN: Anda, y eso, ¿para qué sirve?

INFAMIA: Pues, como reconocimiento al ascendente de su figura sobre los habitantes de dichas poblaciones.

LA VIRGEN: ¡Qué niños más bonicos! Pero la verdad es que a mi esas cosas me dan un poco igual, no estoy yo tan pendiente. Con que vengan a verme a la iglesia de vez en cuando a contarme sus cosas me vale. En un ayuntamiento no pinto nada. Eso lo lleva más Pedro, el amigote ese de mi Jesús, que se pone muy nervioso.

INFAMIA: Claro.

LA VIRGEN: Bueno, ¿qué más?

INFAMIA: Pues le íbamos a preguntar si nos podía dar alguna profecía. La Humanidad está en un momento muy delicado.

LA VIRGEN: Hijos míos, eso ya se decía en mis tiempos. Yo del futuro no sé nada. Sé que Jehová en Su Sabiduría lo tiene todo más o menos planeado y que mi Jesús está pendiente y tal, pero creo que os lo tenéis que currar vosotros. Os podríais poner con lo del cambio climático, que está mi Jesús con que si se le adelanta el Armageddon es un marrón y yo qué sé. Si acaso yo os doy alguna bendición y ya está, pero tampoco podemos hacerlo todo. Así nunca vais a aprender.

INFAMIA: Ya. Bueno.

LA VIRGEN: ¿Qué más? Venga, que se me echa la hora encima.

INFAMIA: Pues… ya que estamos… una bendición no nos vendría mal…

LA VIRGEN: Claro que sí, bonitos. ¿Para qué?

INFAMIA: Pues por sí esta entrevista ofende a alguien.

LA VIRGEN: ¡Anda! ¿Y eso por qué?

INFAMIA: Pues por la imagen que da de usted. No sé, un poco… informal. Hay gente que se la toma muy en serio.

LA VIRGEN: Oy, por favor. Mira, pues le decís a esa gente que yo fui una palestina del siglo I a la que sus cosas de ahora le resultan un poco incomprensibles, que crié al Niño con la edad del pavo más complicada de la Historia de la Humanidad y que una madre te quiere sin condiciones y le da igual lo que hagas con tu vida mientras seas feliz y no le hagas daño a nadie. Que disfruten de la vida y de la familia, que para eso está y nunca nos juntamos todos.

INFAMIA: Ajá… eh… ¿algo más?

LA VIRGEN: Pues que si existo, a mi probablemente sus cositas de celebraciones y dogmas me darán igual, porque como protectora de la Humanidad, estaré pendiente de gente que tiene problemas de verdad y no de peleítas por el largo de una falda o de medallas tontorronas que seguro que se merece algún funcionario o funcionaria muy capaz más que una señora que todo lo más que hace es flotar de nube en nube con sus cosas.

INFAMIA: Bueno…

LA VIRGEN: Venga, me voy ya. Pero antes dadme un beso, venga.

INFAMIA: Eh… vale.

LA VIRGEN: Muac. Muac. Venga, y otro para vuestras madres cuando las veáis, y las felicitáis por unos hijos tan bonicos. Hasta luego, guapos.

INFAMIA: Hasta luego, Madre.

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