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En un bar de un suburbio de Brooklyn comparten mesa Donald Trump y Pablo Iglesias. Se miran fríamente. Uno de los dos abre la boca.

-¡Pero que mierda de peinado es ese!

¿A que resulta difícil imaginar quién lo dice? Después de todo, podría haber sido cualquiera de los dos. Se lo diré: es Donald, que es ligeramente más bocón. Pablo solo se limita a pensarlo.

-También me alegro de verte, Donald.

Se acerca el camarero.

-¿Qué van a tomar?

-Siria- responde Trump.

-No, Donald. El señor quiere saber qué vas a beber- comenta Iglesias, que aprovecha para indicar que él quiere una cerveza. Trump pregunta si hay Dom Pérignon.

-Estamos en un bar de clases obrera, Donald. Pídete una cerveza, colega.

-¿Te crees más cercano al pueblo por beber esa mierda? Pues yo también puedo hacerlo: tráeme una Corona.

-Señor Trump, Corona es una cerveza mexicana. Temo que le va a salir más cara- le advierte el camarero.

-Da igual, soy millonario.

-Donald, ¿te das cuenta que vas a pagar el impuesto con el que tú mismo gravaste a los productos mexicanos?

-Te repito: soy millonario, me da igual.

-Pero es que con ese dinero se supone que vas a pagar el muro, ¿entiendes? Al final, parte de tu dinero va ir a pagar ese maldito muro.

-No me marees con tus cosas de rojo. Dime, ¿para qué querías verme?

-A ver… es un poco complicado.

-¡Maldita sea! ¡Tengo poco tiempo! ¡Soy el presidente de los Estados Unidos! ¿Entiendes? ¡Ve al grano de una puta vez!

-Verás, quería preguntarte cómo es que…- Iglesias trastabilla.

-¿¡Cómo es que qué!?- se exaspera Trump.

-Quería saber cómo es que un puto bocazas como tú ha logrado acaparar tantos votos prometiendo lo imposible a sus votantes. ¡A mí no me ha funcionado!

-Es mi lema, chico: “Make América great again”. Usa algo así en tu propia campaña y te lloverán los votos.

-Es que allí ya hay un partido con el lema “Hacer España grande otra vez”.

-¿Y qué tal les va? Son unos campeones, ¿verdad?

-Son unos pringados que se llaman Vox y que sacaron menos votos que el negro del pollón de WhatsApp en las pasadas elecciones.

-¡No es posible! A ver, ¿cómo es el lema de tu partido?

-“Sí, se puede”.

-Eso sería algo así como “Yes, we can”. Mmmm… eso te funcionaría solamente si fueras negro.

-Soy de Vallecas. En la escala social de España, eso sería bastante similar a ser negro.

-Entiendo. Mira, buddy, el secreto es mostrarle a la gente que realmente te interesa, que el pueblo es la prioridad y que no hay nada más importante que tu propio país. Si les vendes esa mierda se rendirán a tus pies. Además, tendrás todas los pussies que quieras. Ya sabes: aquella muchachita de tu equipo de campaña, a la que tantas ganas le tienes, será toda tuya cuando seas vencedor.

-¡Ostias, Donald! Lo que acabas de decir es lo más machista heteropatriarcal capitalista imperialista casta…

-Vale, vale, vale… Voy a hablar con los del PP para que twitteen mierdas sobre ti y tu pareja entonces.

-Bueno, es que…

-Mira, Pablo, me quedaría hablando contigo si no olieras a asfalto recién meado, pero tengo un país que gobernar y muchos inmigrantes que deportar. Llámame cuando juegues en las grandes ligas.

Trump saca unos dólares de su billetera para pagar la cuenta. Se levanta de la mesa y se va.

Iglesias mira el ticket y se da cuenta de que Trump ha dejado menos de lo que corresponde.

-¡Ey, Donald! ¡Has dejado dos dólares y lo tuyo es 2,20!

-Soy smart, muchacho, nunca pago mis impuestos.

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