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El análisis de los medios de comunicación y su defensa a ultranza de los derechos y libertades de los españoles, con todos los sacrificios que ello implica, es una de las prioridades de INFAMIA. Para visualizar esa labor tan ardua como necesaria, hemos conseguido acceder a uno de los profesionales del periodismo más cotizados y cuyo trabajo ha creado un impacto más duradero en la configuración de la actualidad política de este país en los últimos años: el becario de El Español encargado de seguir la cuenta de Instagram de la novia de Alberto Garzón.

Nos reunimos con el Becario, que en su humildad prefiere ser identificado solo por su cargo, en los baños de El Español. Durante la entrevista, en la que compartimos el espacio de uno de los cubículos con nosotros subidos al retrete para evitar que se note nuestra presencia, en varias ocasiones escuchamos improperios contra los secesionistas catalanes y los masones. Becario afirma que esas diatribas son parte de su inspiración para superarse como periodista.

INFAMIA: Cuéntanos, ¿en qué momento se decide comenzar a seguir el Instagram de la novia de Alberto Garzón? ¿Quién lo propone? ¿Esperabais tanta repercusión?

BECARIO: No sé. A mí me contrataron hace una semana. Y probablemente la semana que viene ya no esté aquí.

INFAMIA: Claro, claro. ¿Y cómo te prepararon para tu puesto?, ¿Necesitaste meses de formación?, ¿Especializarte en algún tema concreto? 

BECARIO: Me dijeron “tú eres millenial, seguro que controlas de redes, siéntate ahí”.

 INFAMIA: Por supuesto. Pero, ¿por qué la novia de Alberto Garzón? ¿Qué proceso de selección seguisteis para elegir al personaje y la actividad que iba a dar el vuelco a la política informativa de este país?

BECARIO: Creo que la eligieron porque tiene Instagram y lo actualiza de vez en cuando, así que da material. No sé, digo yo. Tampoco he comprobado si la mujer de Albert Rivera tiene redes.

 INFAMIA: ¿Albert Rivera está casado? Cuéntanos más.

BECARIO: No sé. Me da un poco igual.

INFAMIA: Bueno, comentabas que el Instagram de la novia de Alberto Garzón “da material”. Explícalo para que un lego entienda la jerga periodística.

BECARIO: Pues que hace cosas, se hace fotos y luego las sube a Instagram.

INFAMIA: Pero, ¿cuál de esas actividades os hizo daros cuenta del filón informativo que suponía?

BECARIO: Pues no sé. Supongo que, como su pareja es un político de izquierdas, alguien pensó que lo haría quedar mal si se veía que no vivía debajo de un puente, vestida con harapos y lavándose el pelo con agua de lluvia.

INFAMIA: Evidentemente. Periodismo crítico, siempre al filo de la noticia.

BECARIO: Si usted lo dice.

INFAMIA: ¿Y cómo fue el contacto con la protagonista? ¿Intentó coartar la libertad de expresión de los profesionales y el derecho a la información de los ciudadanos?

BECARIO: Nunca la llamamos ni nada. Solo vemos la foto y las etiquetas y escribimos “la novia de Alberto Garzón hace algo”, así con tonillo medio faltón, como que se note que nos parece mal pero sin decirlo abiertamente. Y luego rellenamos seis o siete párrafos con paja, básicamente reciclando párrafos de otras cosas que hayamos escrito sobre ella.

INFAMIA: Entiendo.

BECARIO: Y... nada, luego el objetivo es moverlo en redes, viralizarlo, que haya un señor en Murcia que lo lea compartido por el whatsapp y diga “¿ves? ¿ves? Estos comunistas...”.

INFAMIA: Es una labor crucial.

BECARIO: Bueno, es que, y cito más o menos, “estas gilipolleces dan muchas visitas”. Y claro, de alguna parte tiene que comer el periódico.

INFAMIA: Obviamente. En defensa de la libertad de información. Un trabajo arduo para sacar a la luz la verdadera cara de la clase política.

BECARIO: Pues no sé.

INFAMIA: ¿Qué fue lo más difícil?

BECARIO: Nada. Son cosas que ella sola comparte, no son cosas que oculte.

INFAMIA: Pero nos decía antes que intentan mostrar las incoherencias en el estilo de vida de la novia de Alberto Garzón...

BECARIO: No sé. Es una veinteañera que sube fotos con sus amigas.

INFAMIA: Claro. El público quiere saber.

BECARIO: Bueno.

INFAMIA: Ajá.

BECARIO: Ajá.

INFAMIA: ¿Qué más puedes desvelarnos?

BECARIO (Mira el móvil): Me tengo que marchar. Ha entrado un aviso de actualización.

INFAMIA: Otro dato impactante.

BECARIO: Ha debido subir una foto de un plato de jamón o algo así. Me están diciendo que al primer tuit que ponga “si es tan de izquierdas por qué come jamón” o “para esto no le gusta el ISIS” me dan un bonus.

INFAMIA: ¿Bonus?

BECARIO: Me dan monedas para la máquina de chocolatinas de la planta baja.

INFAMIA: Claro.

BECARIO: Bueno, tirad de la cadena cuando me marche. Os paso luego el enlace por whatsapp, que para que me dejen venir al baño tengo que acumular muchos clicks y he gastado con vosotros una de las visitas que me gané con la noticia de que se había cambiado el peinado.

INFAMIA: Estremecedor.

BECARIO: Cayeron un par de tuits de “pues no sé cómo su novio la deja peinarse, en la URSS nadie se peinaba. Claro, como son feminazis”.

INFAMIA: Lógico.

BECARIO: Si, bueno. Hasta luego.

Esperamos pacientemente unos minutos y luego abandonamos los baños. Conseguimos salir de la redacción sin levantar sospechas igual que entramos: diciendo que habíamos ido a dar datos personales de una menor prostituida, pero que ahora nos marchamos porque no le encontraron interés informativo al no ser la niña ni de familia gitana ni marroquí. Antes de salir observamos de soslayo el perfil del Becario, presionando la tecla F5 y esperando la exclusiva que pronto saltará entre los grupos de whatsapp de gente pobre que vota al PP.

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