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Ok, vamos a sincerarnos: no tenemos ni puta de idea de quién apretó el gatillo. Tampoco sabemos quién pagó para que se apretase el gatillo. Pero somos unos nerds consumidores de ensayos, novelas, películas y otras yerbas y encontramos en diversas obras literarias y audiovisuales algunas respuestas un tanto dispares que queremos compartir con ustedes, estimado público lector.

Triología Americana de James Ellroy

Lee Earle Ellroy, mejor conocido como James Ellroy, es uno de los grandes nombres de la novela negra contemporánea. Aunque personalmente lo considero un genio del género noir, también lo considero un gran hijo de puta por escribir libros de más de 600 páginas en formato tapa dura que pesan más de tres kilos en la mochila. Ellroy, sin duda, es una gran invitación a pasarse al e-reader.

Pero volviendo a lo que nos compete, he de decir que este angelino saltó a la fama de la mano de su Cuarteto de Los Ángeles, integrado por La Dalia negra de 1987 (llevada al cine por Brian De Palma en 2006), El gran desierto de 1988, Los Ángeles confidencial (con versión cinematográfica de 1997 a cargo de Curtis Hanson) y Jazz blanco de 1992.

Ellroy había logrado mantener vivo el espíritu de las novelas negras de la época de la ley seca, pero les había dado una impronta muy propia convirtiéndolas en una singular historia política y social de los Estados Unidos desde la perspectiva de gangsters, policías corruptos y gente que consume todo tipo de estupefacientes para mantenerse en pie.

Al Cuarteto de Los Ángeles le siguió una nueva saga conocida como Trilogía Americana o Trilogía de los bajos fondos de Estados Unidos que llevaba más allá la idea de hacer una reconstrucción histórica de los turbulentos años ’60 a través de los regueros de sangre que corrieron en esa época. Por supuesto, el asesinato de JFK cobra especial relevancia dentro de esta trilogía, en especial, en la primera entrega América de 1995. De hecho, Ellroy ha mencionado en público que una de sus fuentes de inspiración para escribir este libro fue Libra, novela de Don DeLillo que también toma la muerte de Kennedy como eje central de la narración, haciendo foco principalmente en la figura de Lee Harvey Oswald, presunto culpable de asesinar a este presidente norteamericano por iniciativa propia.

En América, los Kennedy (tanto JFK como su hermano RFK) decoran constantemente el fondo de la acción que llevan adelante un par de polis corruptos vinculados a diversos mafiosos. Lo curioso es que a lo largo del relato los nombres de estos gangsters aparecen más que el del propio Oswald, tejiendo una singular teoría de culpabilidad que apunta en una dirección diferente a la que está arraigada en el imaginario colectivo.

En otras palabras, Ellroy no se decanta por la “teoría del hombre solo”, sino por una conspiración orquestada para sacarse de encima al carismático presidente que tiene como trasfondo intereses en el Caribe, marcar a Fidel Castro como chivo expiatorio y, de paso, ensuciar a algún político cercano a Kennedy.

Al igual que en la mayoría de las novelas de Ellroy, la Trilogía Americana está dividida en capítulos que se titulan con la fecha y el lugar en que transcurren. América termina en Dallas el día 22/11/63. Seis de los grandes, la segunda de las entregas de la saga, toma el hilo narrativo en dónde se quedó la primera novela y dibuja su particular visión de un mundo en el que JFK ya es parte del pasado y en el que su hermano RFK y el reverendo Martin Luther King (MLK) son los próximos en la lista.

Lectura obligatoria para los amantes del género, aunque recomiendo empezar a leer a Ellroy por el Cuarteto de los Ángeles y luego pasar a la Trilogía Americana.

11/22/63 de Stephen King

El autor de best-sellers por excelencia no pudo huirle a este episodio que marcó una bisagra en la historia de los Estados Unidos y se animó a darnos su singular versión de los hechos, pero, claro está, lo hizo a lo Stephen King: con cierta dosis de intriga y un importante componente de ciencia ficción.

Todo empieza cuando Al Templeton, propietario de un restaurante de esos que se pueden ver en cualquier película yanqui de los ‘80 y ’90 (mesada de aluminio, cartel de neón en la entrada y cafeteras de filtro con un líquido tímidamente marrón que los norteamericanos llaman café), descubre en una habitación de almacenamiento una puerta hacia el pasado, más específicamente, a 1958. Acuciado por un cáncer terminal, le cuenta este secreto a su buen amigo Jacob Epping y le pide un favor: que viaje al pasado para detener el asesinato de Kennedy. A partir de ahí, el protagonista tiene que ir sorteando todo tipo de obstáculos que se le interpondrán en su camino ya que todo parece indicar que el pasado no quiere ser cambiado.

Lo más interesante de esta novela es que King decidió no plantearse la incógnita de quién mató a JFK (aunque es justo decir que durante gran parte del relato este es un misterio a resolver), sino que la premisa central del relato es qué hubiese sucedido si Kennedy no hubiese muerto. A ambas interrogantes King les encuentra respuesta a lo largo del relato y, sin duda alguna, la visión del pasado alternativo con JFK vivo es, al menos, curiosa y una velada crítica a la gestión de este personaje político.

A la altura de las mejores novelas de King y uno de sus libros “recientes” más aclamados por la crítica literaria.

11.22.63

La novela de King tuvo una muy buena recepción y es por eso que no tardó en convertirse en formato audiovisual: una mini serie de televisión de la cadena de contenido en streaming Hulu, protagonizada por James Franco y producida por J.J. Abrams.

Si bien, en esencia la serie sigue los pasos del libro en materia de incógnitas a resolver (se decanta por la teoría del hombre solo y brinda una visión apocalíptica de un presente con JFK vivo, al igual que el libro), su fuerte es el despliegue visual del que hace gala para reconstruir los años ’50 y ’60 (en ese sentido poco tiene que envidiarle a series de época del estilo Mad Men), pero hace aguas a la hora de articular el relato tal como lo hizo el autor con la novela.

En resumidas cuentas, el típico caso de “el libro es mejor que la peli” aunque en este caso se trate de una serie.

Alimento para la conspiranoia

La muerte de Kennedy sigue siendo un misterio sin resolver. Aunque todas las comisiones oficiales de investigación culpabilizaron a Oswald y argumentaron que este había actuado de manera solitaria, siguen existiendo grandes dudas sobre lo que realmente sucedió.

El cineasta Oliver Stone se encargó de revivir el las diversas teorías de las conspiración con su film JFK de 1991, protagonizada por Kevin Costner y Gary Oldman. La película renovó el interés de la sociedad estadounidense por el caso a tal punto que el entonces presidente George Bush promulgó la Ley de registros John F. Kennedy estableciendo que todos los registros del asesinato debían desclasificarse, a más tardar, en 25 años.

La ley se aprobó con fecha 26 de octubre de 1992. Recientemente, se cumplió el plazo y gran parte de esos archivos se han desclasificado alimentando, una vez más, a los conspiranoicos y a los obsesionados con el caso, aunque la administración Trump cedió antes las presiones del FBI y de la CIA que solicitaron seis meses más para mantener clasificados algunos de estos documentos.

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