Señoritas haciendo el amor y cantando cuplé con el retrato de Alfonso III de fondo

Cuando Bella Dorita quiso salir al escenario de El Molino cubierta únicamente por un mantón de manila acabó detenida por escándalo público, pero no por mostrarse desnuda sino por haberse negado a salir si tenía que llevar ropa (tal y como le obligaba el responsable del popular café barcelonés).

Lo cuenta en un reportaje de 1988 La Vanguardia, el mismo periódico que años después publicó una entrevista a la cantante en la que confesaba que una vez dos tipos se suicidaron delante suyo durante un concierto, “por amor”.

- ¿No le da pena?
- ¡Si a ellos les gustó!
- ¿Por qué era tan dura con ellos?
- Primero no me daba cuenta... Después era dura con ellos porque yo ya había aprendido cómo eran los hombres.

María Yáñez, la almeriense que en Barcelona acabaría siendo conocida como Bella Dorita, representó como pocas la esencia del cabaret y la copla pícara de los cafés cantantes en los años 30. Quizás también vivió la tragedia del escaso número de mujeres a las que, tras la marcha del Borbón en 1931, el paraíso de libertades de la II República solo podía ofrecerles la independencia económica y sexual si se subían a un escenario o se metían a puta.

En cualquier caso, durante este periodo se produjo un intenso “destape” de la sexualidad en toda la sociedad, que tuvo en la copla y otros géneros musicales (el llamado “teatro de variedades”) algunos de sus principales exponentes. Hasta el punto de que en cafés de todo el país empezaran a tararearse canciones con un fuerte contenido erótico. El “Felices los cuatro”, de Maluma, queda casi como un rezo de colegio de monjas al lado de, por ejemplo:

Con esta otra canción, Bella Dorita nos recordaba que, además de con vaselina, la cosa debía ir:

Porque de lo contrario se corría el riesgo de sufrir un ataque (y si “hay chicas febriles que pasan quebranto, pidiendo con velas un novio a los santos, y si con las velas el santo está sordo, entonces emplean un cirio más gordo”).

Si se pillaba algún kilo de más, la cupletista recomedaba a su público hacerle caso al médico y seguir un régimen bastante estricto (AVISO: la cosa va de nabos, berenjenas, pepinos, zanahorias y calabacines “más hermosos que la faja de un payés”).

Y para las chicas republicanas que no entendían de qué iba todo aquello que cantaba Bella Dorita, otra cantante, la malagueña Lola Cabello, les recordaba (con tema caribeño de fondo) que pronto lo iban a saber.

Pero oye, que si la noche se desmadraba y los amigos o amigas se quedaban a medio gas, nada como la cocaína para animar el cotarro (aunque ésta tiene truco: si bien a partir de 1920 ya se perseguía el consumo de esta sustancia en España, era habitual encontrarla en perfumes y cosméticos durante muchos años después).

Quien haya escuchado los vídeos anteriores, que no piense mal. En Abajo las Faldas Teresita Calvó nos reñía por tener la mente muy sucia y darle demasiada importancia a los dobles sentidos...

El de la copla y la canción ligera no fue en absoluto el único gran destape que trajo consigo la II República. “La ilusión republicana favoreció la existencia de asociaciones, también revistas, que promovían la libertad sexual, si bien hay que reconocer que en lo referente a los partidos políticos y sindicatos solo el anarcosindicalismo se tomó en serio el asunto”, señala el periodista Isabelo Herreros en su libro La conquista del cuerpo. “Por entonces ya se hablaba del acceso gratuito a medios anticonceptivos, del aborto libre y gratuito para todas las mujeres que así lo decidieran, así como de la educación sexual de los niños en las escuelas”.

Mas tarde llegarían los curas y los censores imponiendo el buen gusto al españolito de bien (aunque, como señala la periodista y cantaora Mar Gallego en este artículo de la Revista Píkara, aun durante los años oscuros hubo alguna que otra “heroína de lo ilícito”).

Después de todo, llegó el Reggeton.

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