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El mundo se mueve rápido a la velocidad del sonido y, en ocasiones, a la velocidad de la luz. Todo lo que pasa ya pasó y lo que pasará inmediatamente será pasado al final de esta frase. Pero en algún lugar queda... por ahí, en un rincón, tal vez en un papel, en un registro audiovisual o simplemente en algún recoveco inmaterial que con el transcurso del tiempo distorsione un poco los hechos. Ese soporte, a mitad de camino entre lo fidedigno y lo efímero, es la memoria. Precisamente, la memoria y los relatos efímeros son la esencia de Diario Vivo.

 ¿Qué es Diario Vivo?

La pregunta correcta sería “¿qué fue Diario Vivo?”. Diario Vivo fue un intervalo de unos 90 minutos del jueves 22 de marzo por la noche cuando seis periodistas y un cuentista se subieron a las tablas del escenario del Palacio de la Prensa de Madrid para revisitar la tradición del relato oral: el ritual de la narración de historias junto a la hoguera.

Estos profesionales de la información dejaron de lado la pluma y el papel para pasar a ser el soporte viviente que le dio entidad a siete relatos bien diversos que tocaban temas tan dispares como una cena intimidatoria con Il Cavaliere, la noche de bodas de una autodenominada “sológama” y un fotógrafo madrileño que en los callejones del Reina Sofía revive algunos fotogramas de la mítica “Blow up”.

La iniciativa llevada adelante, entre otros, por el productor cultural François Musseau aunó, en esta su segunda edición, a los periodistas Rubén Amón (El País), Magda Bandera (La Marea), Luís Baylón (fotógrafo), Diana Aller (blog Lo dice Diana Aller), Lucía Méndez (El Mundo), Antonio Rubio (El Mundo) y al cuentista Héctor Urién. Cada uno de ellos, se aproximó al micrófono y narró a los espectadores una experiencia tan personal como profesional con una puesta en escena de lo más minimalista en la que destacaba un micrófono de pie junto a un atril, enmarcados por un halo de luz de un foco de recorte al estilo monologo de comedia. Uno tras otro, los narradores fueron desfilando delante del micrófono para darle vida a sus historias (en ocasiones con alguna apoyatura visual en una pantalla sobre la que se proyectaban imágenes), mientras que, entre relato y relato, el guitarrista Raúl Chiocchio se encargó de musicalizar unos cortos intervalos.

Aunque de siete relatos se trató la velada, este cronista ha decidido respetar la cualidad y búsqueda de lo efímero, rescatando para este texto sólo algunos pasajes del espectáculo.

Buon appetito

¿Cómo es sentarse a comer en Palazzo Grazioli con Silvio Berlusconi de anfitrión y Pedro J. Ramírez de sidekick? El relato de Rubén Amón invitó a los espectadores a bucear entre los pasillos de aquella residencia que ha sido testigo de las bacanales del octogenario político. Aunque no se oía de fondo la más famosa melodía de Nino Rota, el relato de Amón era un convite a imaginarse una escena de El padrino en la vida real.

A destacar: el afilado uso de la ironía y el sarcasmo de este periodista durante su narración y la osadía de no valerse de papeles para enfrentarse al micrófono.

Antonioni en el Reina Sofía

El fotógrafo madrileño Luis Baylón ofreció a los espectadores un relato acerca de cuatro fotografías que tuvo la oportunidad de sacar en uno de los callejones adyacentes al Centro de Arte Reina Sofía: dos de ellas en junio de 1990 y las otras dos, meses después, llegando a finales de ese mismo año.

La protagonista, en todos los casos, parece ser la misma mujer anciana que en el intervalo de un par de meses ha ido desmejorando y entristeciéndose, casi como si se hubiese marchitado.

Al igual que el personaje de David Hemmings en el film de Michelangelo Antonioni de 1966, Baylón logró reconstruir una hipotética biografía del personaje central de estos cuatro retratos valiéndose de detalles que halló en las cuatro imágenes de 24x30 que obtuvo a partir de los negativos con los que captó a la mujer en cuestión.

Hasta que la muerte me separe

La guionista, DJ y bloguera Diana Aller dio la nota de color en la noche con un relato hilarante: su boda. Lo curioso de este ritual matrimonial es que ambos cónyuges eran la misma persona: Aller se casó consigo misma.

El relato de Aller logró convertir la excentricidad del hecho en la narración que más respuesta tuvo desde el público, al menos, en forma de carcajadas.

Este mensaje se autodestruirá en 3, 2, 1...

La calidad de efímero es uno de lo pilares de Diario Vivo: la imposibilidad de volver a reproducir en formato alguno este espectáculo (no se registra vídeo, ni audio durante la función) es lo que dota a esta experiencia teatral de un cariz que la hace única, irrepetible y que la emparenta con la tradicional oral, tal como si se tratase de un conjunto de juglares que se plantan en un escenario con un repertorio salido de sus propias vivencias.

Aunque el conjunto de los relatos termina siendo un tanto dispar y resulta imposible concebir este espectáculo como un todo a partir de la suma de sus partes, lo cierto es que Diario Vivo logró su objetivo con creces: armar una puesta en escena sin actores, ni guiones donde los que llevan adelante la acción son periodistas contando historias utilizando el proscenio, en vez de la rotativa.

Continuará...

Diario Vivo lleva apenas dos ediciones (la primera de ellas en diciembre de 2017). Sobre el final de la función, Musseau, uno de los principales organizadores del evento, confirmó la realización de una tercera edición de Diario Vivo en el mes de junio.

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