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Cada nación y cada Estado tiene su propio relato nacional. O sea, su versión de la historia. No se trata de contar lo que pasó, sino de justificar lo que dice que pasó. El mismo acontecimiento puede ser fundamental para una nación e insignificante para su vecina. O cambiar por completo. Sin embargo, cada región comparte unos ciclos y períodos históricos comunes. Por su geografía o por sus lazos culturales. La Historia de Irlanda se parece mucho a la de Inglaterra, Escocia y Gales. La Historia de Italia se refleja en la de Alemania. Y la Historia de España no difiere mucho de la de Portugal... ¡o de la de Rusia! Además, los relatos nacionales de todas ellas son muy similares.

 ❝UNA NACIÓN SE HACE LO MISMO QUE CUALQUIER OTRA COSA. ES CUESTIÓN DE QUINCE AÑOS Y DE UN MILLÓN DE PESETAS. Con un millón de pesetas yo me comprometo a hacer rápidamente una nación en el mismo Getafe, a dos pasos de Madrid. Me voy allí y observo si hay más hombres rubios que hombres morenos o si hay más hombres morenos que hombres rubios, y si en la mayoría, rubia o morena, predominan los braquicéfalos sobre los dolicocéfalos, o al contrario. Es indudable que algún tipo antropológico tendrá preponderancia en Getafe, y este tipo sería el fundamento de la futura nacionalidad. Luego recojo los modismos locales y constituyo un idioma. Al cabo de unos cuantos años, yo habría terminado mi tarea y me habría ganado una fortuna. Y SI ALGUIEN OSABA DECIRME ENTONCES QUE GETAFE NO ERA UNA NACIÓN, YO LE PREGUNTARÍA QUÉ ES LO QUE ÉL ENTENDÍA POR TAL Y, COMO NO PODRÍA DEFINIRME EL CONCEPTO DE NACIÓN, LE HABRÍA REDUCIDO AL SILENCIO.

JULIO CAMBA en La rana viajera, 1956.

Primero llegan los comerciantes de la Antigüedad. Se convierte en reino al comienzo de la Edad Media. Pero es invadido por extranjeros de otra religión. En el último momento consigue una victoria milagrosa y comienza la reconquista de su legítimo territorio. Consigue la unificación al terminar la Edad Media. Es entonces cuando inicia la exploración y conquista de tierras lejanas, expandiendo su idioma y la religión cristiana. Mientras tanto debe combatir por toda Europa contra su vecino y sus enemigos religiosos. Los continuos conflictos traen el desgaste y el declive. La dinastía reinante es sustituida por otra nueva, que adopta las ideas de la Ilustración. Llega entonces la guerra heroica contra Napoleón. El liberalismo y la vuelta del absolutismo. El absolutismo cae definitivamente a comienzos del siglo XX. Pero aparece entonces un movimiento totalitarista que no sobrevive y se produce la transición a la democracia.

HEMOS HECHO ITALIA, AHORA HEMOS DE HACER A LOS ITALIANOS❞.

MASSIMO D’AZEGLIO, en la primera sesión del parlamento italiano, Turín, 1861.

Es igual para todas las naciones de Europa. Apenas hay que hacer ajustes. ¿Pero por qué se produce esta coincidencia? Bueno, es que no es una coincidencia. Cuando se escribieron las primeras historias nacionales modernas, en el siglo XIX, la Historia aún no era una ciencia, sino una rama de la literatura. Su objetivo no era exponer y explicar los acontecimientos y ciclos históricos, sino justificar la existencia de la nación y legitimar su ocupación del territorio. Y eso en pleno Romanticismo requería un cuento con grandes personajes y grandes batallas. El episodio de la pérdida y reconquista de la nación imita las gestas del gran héroe. Parece que ha muerto, pero no. O ha sido derrotado, pero le sirve para hacerse más fuerte. Ocurre con Covadonga y la Reconquista. De nuevo con Cádiz y la Guerra de Independencia. Y otra vez con Franco y la Guerra Civil. ¡Es un clásico!

Covadonga. Aquí resucitó la nación española.
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¿Cómo es que nadie se dio cuenta? ¿Las naciones no tenían ya una historia? Pues no... no había naciones antes. A ver, había distintas comunidades, pero no naciones. Hablantes del mismo idioma, practicantes de la misma religión, súbditos del mismo rey y grupos étnicos. Pero no había comunidades nacionales. Para eso hacía falta tener una HISTORIA COMÚN. Un RELATO con el que identificarse. Y de eso no había hasta el siglo XIX. El Estado supo aprovechar el potencial de estos cuentos y la educación obligatoria los convirtió en todo un éxito. Hoy, el relato nacional es conocido y compartido por las masas. Es una ironía exquisita que, para esas mismas masas que configuran su cosmovisión y su identidad a partir de un producto literario, tomarse demasiado en serio las aventuras de Harry Potter o de la familia Skywalker es de frikis. Menudo cuajo.

ES EL NACIONALISMO EL QUE ENGENDRA LAS NACIONES Y NO AL REVÉS❞.

ERNEST GELLNER

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